¿Alguna vez te has preguntado qué harías si un niño, niña o adolescente te confía que alguien le ha agredido sexualmente? Tenemos para ti algunas recomendaciones:

 Mantén la calma. Busca un lugar apropiado para conversar y evita mostrarte perturbado, ansioso o enojado. No entres en pánico o salgas corriendo, dedica el tiempo necesario para escuchar lo que el niño o niña tiene que decir.

Cree al niño o niña y asegúrale que no es culpable de lo ocurrido. No minimices la situación o ignores los hechos. Evita hacerle sentir culpa con preguntas como: ¿por qué permitiste que te hiciera eso?, ¿por qué no lo contaste antes?

Evita hacer preguntas sí/no. Obtén datos generales a través de preguntas abiertas. No necesitas conocer todos los detalles, la indagación detallada de los hechos le corresponde a las instancias especializadas. No presiones para que te cuente cosas de las que no quiere hablar, pregunta solo lo necesario para implementar medidas de protección.

Valida sus sentimientos. La víctima/sobreviviente puede sentir miedo a ser rechazada, a ser separada de su familia o a que se le acuse por lo ocurrido. Asegúrale que es normal que tenga miedo y reconócele el haber reunido el valor para contarlo.

Evita colocar al agresor en posición de monstruo. El niño o niña seguramente se pregunta por qué alguien en quien confiaba hizo algo tan malo, lo cual puede generar desconfianza hacia los demás adultos. Puedes decirle al niño/a que el abusador hizo algo incorrecto porque los adultos no deber tener sexo con niños o niñas y necesita ayuda para no volverlo a hacer. Reafirma que no todas las personas son así y que ahora estará más seguro.

Agradécele la confianza. Dile que ha hecho lo correcto al contarte lo que pasó y que no ha hecho nada para causarlo. Es importante que sepa que saldrá adelante y que cuenta con tu apoyo.

Brinda explicaciones claras sobre el paso a seguir. Evita hacer promesas que no se puedan cumplir y explícale que comunicarás lo que te contó solo a las personas que puedan ayudarle a estar más seguro.

Busca una persona adulta que pueda hacerse cargo de su cuidado. Determina el apoyo con el que cuentas y los posibles obstáculos. Examina varias opciones de solución y analiza cuál es la más adecuada. Recuerda que lo más importante es salvaguardar la salud e integridad del niño o la niña.

Elabora un informe escrito en el que describas exactamente lo que el niño o niña te ha contado y busca atención especializada. Si laboras en una institución educativa, comunícate con la dirección. No actúes de forma aislada como profesor/a. Es necesario comunicar el abuso a la familia y presentar la denuncia ante la Agencia del Ministerio Público Especializada en Delitos Sexuales que corresponda a la delegación.

Realiza un seguimiento. Pregúntale al niño/a cómo se está sintiendo en el proceso y asegúrate de que se encuentra en una situación segura.

Una respuesta eficaz y oportuna es vital para impedir que el abuso se siga perpetuando. ¡No guardes silencio, denuncia!